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Escrito el 22 de noviembre de 2025
A-Fei —un seudónimo— dijo:
—Una de las mejores cosas de China es que las armas están prohibidas.
Yo respondí:
—Prohibir las armas no tiene por qué ser algo bueno.
A-Fei dijo:
—Pero, si no estuvieran prohibidas y una mala persona matara a tiros a una buena persona, ¿no sería terrible?
Yo le contesté:
—Si una mala persona matara a tiros a una buena persona, la policía la detendría y recibiría el castigo correspondiente por lo que hubiera hecho. Pero, si la buena persona no tuviera un arma, no tendría ninguna forma de defenderse. ¿No sería eso todavía peor?
Entonces le puse otro ejemplo. En algún momento y en algún lugar, un anciano armado con un cuchillo se presentó a la entrada de una escuela primaria y atacó a varios estudiantes, causando múltiples víctimas. Si alguna persona que se encontrara cerca hubiera estado dispuesta a intervenir y además hubiera llevado un arma, ¿no habría podido disparar para detener al atacante? ¿No habrían tenido aquellos niños alguna posibilidad de sobrevivir?
—Por eso prohibir las armas no sirve de nada —dije—. Solo deja a las buenas personas sin la posibilidad de defenderse de las malas.
A-Fei terminó diciendo:
—Está bien, no puedo ganarte una discusión. Dejemos de hablar de esto.
Yo me reí.
Pero, en realidad, mi contraejemplo tenía un fallo enorme: si las armas no hubieran estado prohibidas, quizá aquel anciano no habría ido allí con un cuchillo. Tal vez habría llevado una pistola.
Como la mayoría de las personas a las que llamo la “base”, A-Fei tiene una forma de pensar sencilla y tampoco está especialmente dispuesto a reflexionar. Está acostumbrado a aceptar consignas simplistas y vacías mientras lleva una vida que no es especialmente buena ni especialmente mala.
Al menos él no tiene que dar a luz. Normalmente, sus progenitores harán todo lo posible por sostenerlo, le comprarán una vivienda y un automóvil, y después podrá casarse con una mujer, eyacular una vez y tener una criatura. No necesita gestarla ni tampoco criarla personalmente. Mientras no destruya su propia vida, probablemente no le irá demasiado mal. Como mínimo, es poco probable que tenga que enfrentarse a una crisis de supervivencia.
Yo ya he superado la etapa en la que intentaba despertar desesperadamente a otra persona.
A-Fei puede ser necio, pero también es transparente y carece de malicia. Incluso mi manera extremadamente imprecisa de “razonar” consigue convencerlo temporalmente, y además no me considera su enemiga por ello. A diferencia de ciertos integrantes de la “base”, que necesitan recurrir a gritos e insultos carentes de lógica en un intento desesperado por conseguir su propia “victoria”.
Volviendo al tema, la discusión sobre las armas me recordó algo que dijo una persona creadora de contenido en YouTube a la que sigo habitualmente: permitir que la gente común posea armas legalmente no tiene como finalidad que una persona se enfrente por sí sola a toda la maquinaria del Estado. Su finalidad sería conservar cierta capacidad de defensa propia y protección mutua cuando la autoridad pública llega demasiado tarde o no actúa.
Pensemos en el ejemplo anterior. Si la policía llegara demasiado tarde, pero alguien que se encontrara cerca tuviera tanto un arma como el valor necesario para intervenir, quizá esa persona podría salvar a los niños que estuvieran siendo atacados.
Desde esta perspectiva, prohibir las armas no elimina únicamente las armas. También podría debilitar el valor de las personas para tomar un arma y resistirse a la injusticia.